viernes, 23 de junio de 2017

Cuando un ángel regresa al cielo

Cuando una persona a la que amamos parte de este mundo terrenal nos deja una profunda herida en el corazón que en realidad nunca sana.

Esta cicatriz se abre con cada momento que recordamos su vida haciendo que nos duela.

Pero esta cicatriz no derrama sangre, derrama lágrimas que son más dolorosas que mil cuchillos pues las lágrimas vienen del alma y a esa no la cura ningún medicamento.

En cada gota de lágrima albergamos un recuerdo, un momento. Sonrisas y lecciones aprendidas por ese hermoso Ángel que tocó nuestra vida para iluminarla.

Cada persona es un ángel encarnado en este plano, cada uno con una misión diferente y ninguno llega a nuestra vida por casualidad, Dios decidió que ese ángel tocara tu vida por una razón específica.

Es por eso que duele la partida de uno de nuestros principales ángeles, porque fueron pilares, guías, maestros y alumnos por igual, porque perdemos la presencia de alguien que nos amo con fuerza y sinceridad.

Cuando un ángel regresa al cielo nuestro corazón se rompe un poco, pero no recordamos que ese ángel sólo partió de su forma física, que ese ángel seguirá con nosotros cuidandonos y guiandonos como antes sólo que ya no podemos verlo, aunque siempre podremos sentirlos. Ya sea en el aire que acaricia tu cara, en el agua que te purifica, en el fuego interno que te impulsa, en la tierra que pisas.

Nuestros ángeles siempre están con nosotros y no nos abandonan. Incluso hay quienes regresan a nosotros con otra cara y otra voz pero podemos reconocerlos en alma, hay quienes nos esperan del otro lado para seguir guiandonos en el otro plano.

Nuestros ángeles regresan al cielo pero sus almas viven con nosotros, en nuestros recuerdos, en nuestros latidos.